Manifiesto

MUYUORCO

MUYUORCO nace del círculo.

Del círculo como origen y regreso.
Como encuentro.
Como pertenencia.
Como energía que une lo que parece distante.

El círculo está en el cielo, en el sol, en la luna, en las estaciones y en la vida misma. Está en las comunidades, en los encuentros, en los caminos que vuelven a su punto de partida y en la memoria que nunca desaparece del todo.

Para nosotros, ese círculo representa a América.

Un territorio inmenso, diverso y profundamente vivo.
Montañas, llanuras, selvas, desiertos, ríos, lagos, costas y bosques.
Pueblos distintos. Lenguas distintas. Símbolos distintos. Historias distintas.

Y, sin embargo, una raíz común:
la Tierra.

MUYUORCO nace del deseo de volver a mirar esas raíces.
De acercarnos a las historias, símbolos, relatos y cosmovisiones de los pueblos originarios de América con respeto, curiosidad y admiración.

No buscamos uniformar sus culturas ni convertirlas en una sola.
Creemos justamente en lo contrario.
En reconocer la identidad propia de cada pueblo, de cada territorio y de cada historia.

Porque el verdadero círculo no borra las diferencias.
Las contiene.
Las une sin hacerlas iguales.

En MUYUORCO cada historia nace de un lugar.

De una montaña.
De una laguna.
De un río.
De una noche estrellada.
De un animal.
De una comunidad.
De una memoria transmitida durante generaciones.

Por eso nuestro símbolo vuelve siempre al mismo centro.
La Tierra.

La Tierra como origen.
Como hogar.
Como memoria.
Como vínculo.
Como aquello que existía antes que nosotros y seguirá existiendo después.

Creemos que conocer estas historias es también una forma de acercarnos a nuestra propia identidad americana.
De entender de dónde venimos.
De mirar el territorio de otra manera.
De descubrir que detrás de un símbolo puede existir una cosmovisión entera, y detrás de una leyenda, la memoria de un pueblo.

MUYUORCO quiere formar parte de ese gran círculo.

Un círculo de historias.
De símbolos.
De raíces.
De pueblos.
De paisajes.
De memoria.

Desde el extremo norte hasta el extremo sur de América.
Distintos territorios.
Distintas voces.
Distintas maneras de comprender el mundo.

Pero una misma Tierra.
Una Tierra que nos sostiene, nos conecta y nos recuerda que formamos parte de algo mucho más grande que nosotros mismos.

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